Periodismo digital, heredero de una tradición canalla

Échenle la culpa a lo digital decían. Critiquemos con humor negro los lugares comunes de la prensa en Internet, las frases prefabricadas, los exabruptos de unos dedos presurosos sobre el teclado, los clics que recorren los confines de la web, cayendo muchas veces en páginas de poca monta, en información tergiversada o imaginada, el ‘Ctrl + C’ y ‘Ctrl + V’ salvadores de la inmediatez.

Ese es el periodismo digital para algunos periodistas, según leí recientemente en un agradable artículo de Verónica Klingenberger en Publimetro, que con gracia satirizaba todos esas prácticas que por comunes ya ni las percibimos.  Leer que Cristo o Bono “vendrían a Lima”, que Gian Marco “hizo vibrar” a miles en su último concierto,  “¿Qué pasaría si mañana muere Peter en Al Fondo hay Sitio?”,  o las últimas declaraciones de cualquiera estrella fugaz de un reality show, se ha vuelto tan fácil de captar, producir, publicar y consumir, que ya nos parece tan natural como cepillarse los dientes o desayunar.

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¿Pero es culpa de Internet?  Fácil postura para los más tradicionales, sentar en el banquillo al recién llegado periodismo digital. Pero ¿Acaso esta nueva especialidad no es digna heredera de la tradición periodística? No es un gran aprendiz  de la prensa con todo lo bueno, malo, feo y enfermo que posee, con la digna ética y también los hábitos sucios.

Internet acelera el proceso de publicación y consumo de información no solo en el tiempo sino también en el espacio, pues se fragmentan los lapsos y los lugares de consumo de noticias a través de múltiples dispositivos.  El escepticismo y/o la crítica se ciernen sobre los medios digitales, como ayer cayeron sobre la televisión y antes de ayer sobre la radio.

La convergencia multimedia es un fenómeno cultural, dentro del cual el periodismo constituye una faceta, hermanada a la cultura del entretenimiento, la economía y la política: somos hoy en día una civilización del espectáculo.  Una sociedad, donde los contenidos son ordenados por el público a través del control remoto, siendo el raiting el insoslayable verdugo de la información veraz, interesante y de calidad, como señala Gustavo Gorriti en un reciente y recomendable artículo.

Sin ánimos de pontificar sobre el tema, esto tampoco quiere decir que vayamos a echarnos a los brazos del morbo y dormir plácidamente al lado de la mediocridad, eso quiere decir, que como periodistas, como ciudadanos y como sociedad en conjunto, debemos exigirnos más, intentar ser mejores y retarnos: eso que Darwin llamó evolución.

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